HUMBERTO SILVA MENDOZA
Por: Teodoro Couttolenc Molina
Xalapa, Ver., 13 de Diciembre 2017 .- Hoy que todo lo avasalla la Internet y aquello que no está en sus redes tal parece no ha existido jamás, es interesante recordar algunos acontecimientos y personajes cimeros de la ciudad de Xalapa, capital del Estado de Veracruz.

Por ejemplo la secundaria Vespertina Veracruz que inició sus actividades en salones prestados por la Escuela Primaria Enrique C. Rébsamen ubicada en la calle de Zamora esquina con Juan Soto. Posteriormente le fue donado un terreno y la escuela, fundada gracias al esfuerzo y dedicación de Elfego Sánchez Granillo, Carlos Manuel Vargas Sánchez y otros maestros, ocupó un edificio propio en la avenida Insurgentes, donde con el tiempo se transformó en un colegio preparatorio.

En esa añorada secundaria, nos conocimos Humberto Silva Mendoza, Adalberto Rueda Ramos, Francisco Alfonso Avilés, José Luis Castellanos Cué, Osiris y Raúl Tapia, Martha Rodríguez Núñez, Eva Luz y María Luisa Ortiz Alafita, Héctor Sánchez Galindo, Francisco Hernández, Carlos y Aurora Lara, los hermanos Rojo, los hermanos Díaz, entre otros muchos y magníficos amigos del mismo grupo, porque en otros grados hubo también diferentes jóvenes estudiantes fraternos, asímismo estudiaron con nosotros los ya fallecidos René Carbonell de la Hoz, Heriberto García Salazar, Guillermo Rodríguez Núñez...

Humberto era, como lo fuimos todos a esa edad, un joven retraído, dedicado a cuestiones que pocos podían dilucidar. En tanto la mayoría utilizaba parte de su tiempo en jugar, buscar la forma de hacer bromas y aplicar el caudal de picardía juvenil a cuanto compañero o maestro se pudiera, él procuraba aislarse para escribir ¿Qué? Nadie entonces lo sabía. Concluidos los estudios de secundaria cada cual tomó un camino diferente.

Humberto Silva Mendoza, quien desde chamaco trabajó para sostenerse sus estudios, continuó después en la Facultad de Medicina. Como médico triunfó plenamente y ha hecho honor a los objetivos sociales de su carrera, sin desdeñar a sus amigos y a los que nunca lo olvidan: los necesitados que siempre atendió.

Tuvo una vida hermosa, donde la aventura y el peligro lo colmaron de experiencias gratificantes y muchas veces violentas pero siempre inolvidables. Para Humberto esta fue la plenitud que le hizo vivir y formarse con personalidad austera, tranquila que puede racionalizar sus vivencias y aquilatarlas en la grandeza que implican. Puede retrotraerse y analizar cada momento de su azarosa existencia para plasmarla en sus trabajos escritos con una modestia que enaltece la belleza literaria de sus expresiones.

A eso se debe la permanente presencia de su acendrado amor a La Atenas Veracruzana y a sus tiempos de clima templado con neblina y chipi-chipi donde todos nos conocíamos y saludábamos, donde el carnaval tenía como escenario las calles de la ciudad provinciana y acogedora: los paseos de la Reyna y el Rey Feo, así como camiones arreglados con  imaginarias figuras y los coches particulares -adornados con la belleza de las mujeres xalapeñas-, que realizaban su ir y venir en la avenida Enríquez, desde el Palacio Federal hasta la Avenida Manuel Ávila Camacho, los concursos y las premiaciones en el majestuoso Estadio Xalapeño Heriberto Jara Corona, para los brillantes carros alegóricos, disfraces jocosos y hermosos donde nunca faltó la crítica política a los poderosos en turno,; los rumbosos bailes en las mismas calles de nuestra querida Capital, o en áreas del Parque Juárez, la CROC, el salón de la radiodifusora XEKL, y desde luego los paseos dando vueltas en dos sentidos muchachas y muchachos, hombres y mujeres jóvenes principalmente en el mismo Parque Juárez, con las batallas populares de confeti y serpentinas y todos portando antifaces para engañar un poco la vista y despertar la imaginación...

Tiempo pasado... para todos, pero no para el médico enamorado de esta ciudad. En su mente siguen bullendo con igual simetría y esplendidez los eventos de aquella Xalapa de su nostalgia, la del bochinche carnavalero y la luna floreciente de la poesía, nuestra ciudad antigua pero nunca deslucida, ajada o envejecida, sino enaltecida por el tiempo, con las luces macilentas de los atardeceres invernales y el fulgor de los soles de primavera. Ha escrito con fervor sus evocaciones y remembranzas.

Todavía tiene mucho más que contar sobre Xalapa y en relación con sus ilusiones de vida en artículos periodísticos y libros, los cuales son sabiduría que debemos absorber y comprender. Todas llevan, categóricas, la añoranza y la calidad humana del Dr. Humberto Silva Mendoza.
tcouttolenc38@gmail.com
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